Pasé la tarde del viernes en la casa de mi mejor amigo (siiii, el cargo está lleno con contrato indefinido, sin posibilidad de serrucho).
Estaba muy desocupada frente al pc cuando suena el telefonito para invitarme a almorzar, todo tan increíble y deliciosamente preparado por el mismo y el panorama del día, las mil versiones del Guitar Hero.
Duchadita y en pijama, salgo vestida de supermercado y cara de poto, me estaciono a una cuadra, llego mojada como pollo (pastelitos árabes comprados, y helado majar chips homemade, obvio) y me encuentro con su comando de hombres bellos "en edad de merecer", sus amiguitos.
A esas alturas, la dignidad había quedado en el auto, nada que hacer,
Picoteo, alcohol......mucho. Proceso de adaptación, almuerzo, vino, presión social, weno, probemos el vino.
PLAYSTATION!!!!! Toda la tarde. Me sentí como de 8 años.
Mi amiguito es un personaje, simpático, entretenido, educado, seductor, bello. Puro criterio, un "asesor" en los proyectos vitales. La posición actual era una mezcla difusa de sensaciones que no entendía bien, porque se lo importante que es para el la forma.
La forma en términos estéticos, éticos, de educación y respeto. A veces tengo la impresión de que le importa más la forma que el fondo.
Y yo soy lo más alejado de las formas: desorden, poco filtro, pocos límites.
No sabía como habíamos llegado a este vínculo tan cómodo. La sensación de incondicionalidad.
Weno, vuelvo al playstation y la explicación de todo, es como a los 8 años, dejas entrar, te encariñas, y eres no más. Juegas, ganas o pierdes, le enseñas al amiguito, se patean entre ellos y se quieren no más. NADA MÁS.
Amistad sin obligaciones, sin presión, sin lata.
No se en que momento las minas nos ponemos tan complicadas.

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